VOLVER. Sevilla, Febrero 2014

2 mar 2014

La relación que guardo con Sevilla es tan suya, tan mía, tan nuestra; que tan pronto quiero quedarme allí para siempre, como quiero salir corriendo y no parar. Como si de dos viejas amigas se tratara, las dos sabemos que hemos tenido épocas mejores y épocas peores, de la misma forma que ambas sabemos que todo acaba por pasar. Después de que volver se me hiciera insoportable, empecé a necesitar cada vez más de ella y ahora no puedo vivir sin verla de cuando en cuando. Porque necesito que de tarde en tarde me canten "Volando Voy" por la calle, para acordarme de que estoy enamorá de la vida, aunque a veces duela; igual que necesito su olor, su luz y sus rinconcitos a la sombra. Pero sobre todas las cosas, lo que más necesito de Sevilla, es dejarla para volver a necesitarla.

CAMUFLAJE

23 ene 2014

Yo camuflo, tú camuflas, él camufla...y así, desde el yo al ellos, uno tras otro, todos nos pasamos nuestra vida camuflando. ¿Y qué es lo que camuflamos? Pues sencilla respuesta...todo lo que es susceptible de rompernos por dentro. Camuflamos verdades como puños, realidades que tenemos delante de la punta de la nariz pero que no queremos ver, finales de películas que sabemos que no acaban bien, sentimientos enquistados...sencillamente, camuflamos todo lo que no nos atrevemos a mirar de frente. ¿Y por qué camuflamos? pues porque es más sencillo parar la película antes de que muera el guapo, más sencillo saltarse en la lista de reproducción aquella canción que te lleva a aquel día en el que...más fácil quedarse esperando mensajes que no fueron ni pensados, a asumir que nunca van a llegar porque probablemente no fueron ni imaginados. Y camuflas, camuflas, camuflas, hasta que un día, en el lugar y momento que menos te esperas, normalmente cuando todo está en calma y sin olor a tierra mojada previo a la tormenta, suena esa canción o tienes que ver el final de esa película que siempre parabas en el primer beso. Entonces ya no hay atuendo que te ayude a fundirte con el paisaje, no hay camuflaje que valga, te quedas en carne viva ante todo lo que habías escondido con tanto esmero...¿Y ahora qué? Ay amigo...ahora, vives. 

DÍAS BLANCOS, DÍAS NEGROS

2 dic 2013

La última vez que estuve en Madrid, mientras comía con mis padres, estuvimos hablando de la libertad. Nosotros somos así, entre copa y copa de vino, nos da por arreglar el mundo. Por otra parte, y pensándolo bien, no hay mundo más bonito que el que surge tras beber un buen vino. Mientras mi padre me iba diciendo lo libre que se sentía en su vida y yo le iba rebatiendo punto por punto sus argumentos, mi madre nos miraba pensando que nos había sobrado la última copa. Después volví a Londres, y ya sin vino de por medio, seguí pensando en la poca libertad que nos queda incluso en las cosas más absurdas de nuestra vida. Sin embargo, no todo está perdido. Hay una libertad maravillosa que nadie te puede quitar, aunque se requiere valentía para practicarla. Es la libertad de sentir. Ser libre para sentir miedo, alegría, amor, nervios, soledad, pasión, euforia; y ser libre para decirte a ti mismo que eso es lo que estás sintiendo. No hay libertad más tuya que sentir como sientes, y esa, además, será tuya para siempre. 

MIKE EL CABALLERO

26 sept 2013


Paquito tiene cuatro años y desde que ve Mike el Caballero no tiene miedo a casi nada. Creo que admira la valentía de Mike, y como cualquier niño inventa ser quien no es y finge no tener el miedo que sí siente. En realidad cuando uno es niño se puede permitir tener miedo, porque siempre o casi siempre, tienes a alguien que te protege. Quizá empezamos desde niños a disimular el miedo porque intuimos que llegará un momento en el que nos tocará ser Mike el Caballero de verdad y no nos quedará otra que ignorar nuestros miedos. El sábado pasado, en un castillo encantado, Paquito fue ordenado caballero, o eso le hicimos creer. Desde ese momento, tutea a Mike. Yo por mi parte, soy la siguiente, me he puesto en cola para ser caballero. Y así, sin más, perder mis miedos de forma mágica.

AZUL MARINO, NEGRO, Y OTRAS CREENCIAS DE LA INFANCIA

9 sept 2013


Para mi las zapatillas de deporte siempre fueron "los tenis", al igual que siempre pensé que el azul marino y el negro se tenían la guerra declarada y no podían ir juntos ni a la vuelta de la esquina. El rosa y el rojo se llevaban también a matar, pero sin embargo el bolso y los zapatos tenían que coincidir exactamente en el número de la gama Pantone. Crecemos pensando de una manera por lo que vemos y oímos, pero poco a poco esas creencias van cayendo una detrás de otra. El azul marino y el negro firmaron la paz hace unos años, y ahora alternan en zapatos, blusas y pantalones. Los zapatos y los bolsos no tienen que tener el mismo color y "los tenis" se llaman sneakers, ahora lo complicado va a ser explicarle todo esto a mi madre.

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