BOLETÍN INFORMATIVO

5 mar. 2013

Restaurante libanés en Earl´s Court
Creo que uno de los mayores miedos que tiene el ser humano es el miedo a no reconocer el entorno, el miedo a no estar ubicado y a no reconocer la voz de ese GPS interno que todos tenemos y que nos va guiando por la vida. Sin embargo es curioso como ese miedo no existe una vez que cambia el entorno, por lo que podríamos decir que es un miedo que se anticipa a la situación, como por otra parte ocurre con la mayoría de nuestros miedos y preocupaciones.
Es sorprendente como en apenas segundos todos los sentidos se activan para construir un entorno conocido y ahí estás tú, dormida en un sillón mientras el camarero de un libanés en Earl´s Court te arropa con tu abrigo para que no notes el gélido frío que entra cada vez que la puerta se abre. Después caes en la cuenta de que tienes hambre y pides un rollo que lleva algo parecido a pollo mientras tu primer amigo en tu nuevo entorno (el camarero que te tapó) te cuenta lo bonito que es el sitio de donde vienes. 

El rollo con algo parecido a pollo de la segunda foto bien podría corresponder al mismo espacio temporal del que hablaba antes, pero no es así. Está tomada el mismo día pero unas horas más tarde. Es lo que se llama crear una rutina. En apenas unas horas tenía: un nuevo amigo, un refugio, un rollo con algo parecido a pollo que comer y unos tulipanes rosas (cortesía de un hombre que regala flores) ¿se puede pedir más?

Kit supervivencia by Sainsbury´s 

Como mi ambición no tiene límites, me puse a buscar un techo donde poder depositar mi maleta de 26 kg de forma permanente, y en eso andaba cuando apareció Pasha en mi vida. Desde ese momento me pregunto incesantemente cómo pude acabar viendo una casa de dos pisos con jardín, habitaciones kilométricas, mesas de mezclas y olor a perfume nicho mientras Pasha me contaba que estaba esperando la llegada de Ricardo Villalobos. Al final, tal y como llegó, Pasha se marchó de mi vida. Él con Villalobos y yo con Sabina en el Ipod. Después de Pasha vino Tahir, un multimillonario treintañero indio que ofrecía una habitación inhabitable mientras me recomendaba una discoteca en medio del desierto egipcio para mis próximas vacaciones. Tahir dejó paso a Simone, un empresario italiano que invita a café y pasteles mientras cuenta las aventuras y desventuras de Nicola Tesla...


Aún no tengo techo, pero conservo a mi nuevo amigo, que me saluda todos los días a través de su cristalera mientras prepara Tabulé. Las flores del primer día ya se han marchitado, pero he aprendido a mirarlas también marchitas. Mi habitación provisional lo mejor que tiene es que es provisional, pero desde su ventana puedo ver un cerezo en flor y una ardilla gigante tomando el sol. Hace frío, pero aún no he visto llover por lo que me pregunto sí mi sol de invierno habrá cruzado la frontera conmigo...

#fromlondonwithlove









4 comentarios:

  1. Que bonico Moya, que bonico. El sol se fue contigo eso ya te lo dice la que se quedó mirando por tu ventana habitual, o ex-habitual hoy por hoy.
    Las flores marchitas son tb bonitas, es como la decadencia que hace bella a Lisboa o la que nos hará bellas con 80 años.
    Suerte y cuando no te haga mándame un beso de sol de nuestra tierra, esa que compartiremos a 8000 kms de distancia.

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  2. Pues a mí me encantaría que alguien me invitara a café y pasteles mientras me cuenta las aventuras y desventuras de Nicolá Tesla.... No sé, suena tan bien, tan evocador, tan poético.

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  3. Estoy segura que tu sol de invierno viaja y viajará siempre contigo, es lo que tienen las cosas "que tienen" que ver con la tierra o con el padre de una...que siempre las llevas contigo!;)

    suerte!!
    bessis!!DE RAZA.

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